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ENFERMEDAD TERMINAL

ENFERMEDAD TERMINAL

                                                                                  Dr. Sergio Gacitúa Montecinos

I

Por milésima vez durante la mañana, Julia empezó a escuchar el carraspeo sordo, como un río entre quebradas; sabía que 5 minutos después, vendría la larga crisis de tos, cavernosa, con un crepitar de bronquios como crujido de incendio en un bosque reseco y luego la viscosa catarata de flemas verdosas, que debía recoger con un raspar de papel - lija contra los labios partidos.
Sabía que Raúl repetiría una vez más un largo respirar sibilante, como pito de locomotora en desuso y unos ojos negros, bordeados de rojo, la mirarían sin expresar nada y el ciclo se repetiría una y otra vez.
Lo más torturante de escuchar en Raúl, después del río de flema que arrastraba la última gota de aire, era la inhalación;.no era el tomar una bocanada de aire con aquel ruido de alivio, como la dentellada al aire de aquel que en el río está por ahogarse, no, Raúl lo hacía junto con un hablar hacia adentro, como un rezo en sordina....como una pregunta sin respuesta.

II

Julia trató una vez más de romper la monotonía del calendario de cuidados, paseando la mirada, lentamente, explorando con calma como un ratón nocturno presintiendo un búho, recorrió el entorno, deteniéndose en el tubo de oxígeno, descansando un rato los ojos en el bailoteo de las burbujas del frasco humectador, tantas veces se entretuvo en él, que se le hizo predecible y monótono; para Julia, ya no era misterio calcular cuantos litros de oxígeno que pasaban por minuto, el baile de las burbujas le informaba de todo y sabía que bastaba con un litro y medio y los pulmones le daban las gracias.
No siempre era necesario conectar el balón, de color café como hábito de franciscano, ;el tubo de oxígeno permanecía inmóvil al lado de la cama, como confesor de paciencia infinita. Otros balones de recambio llegaban de un blanco sucio, como mortaja de segunda mano.

III

No sabía si Raúl extrañaba la compañía de los balones, o notaba sus ausencias en los recambios, sin embargo, para ella, eran sus compañeros, a los que durante un mes y medio había llegado a querer e incluso, creía conversarles en secreto.
Mas allá, el velador, las jeringas desechables en  fila, como soldados en descanso o como ataúdes en exhibición, el jarabe con yoduro de potasio para licuar las  flemas, el jarabe de calcio para “evitar que los huesos se descalcificaran” según el médico, como si no percibiera que bajo la piel sólo tenía cuerdas de alambre A Julia los frascos y sus olores, el algodón, el alcohol, su olor permanente, la incitaba a beber un sorbo, siempre que hubiese podido estirar la mano...pero estaba sobre ella, la mirada fría, perdida, inmóvil de Raúl, mirada que era un semáforo que detenía cualquier deseo. En la misma mesa de medicamentos, pulcramente ordenados junto a los  frascos de medicamentos de Raúl, estaba el jarabe  antiácido, lechoso, el frasco de laxante que tomaba todas las noches con unción religiosa como comulgando  junto con la última dosis de las  gotas de  digitalina, rito que repetía en las mañanas después de darle los medicamentos a Raúl.

III

Al abrir las ventanas a medio día, la monotonía se rompió con el vuelo de una mosca, gorda, azul violeta. En su vuelo loco, pareció jugar a la ruleta rusa. Dos pares de ojos la siguieron con atención: los unos con cierto temor, los otros, con un brillo de interés, que apareció como un relámpago, para apagarse velozmente en la indiferencia.
La alimentación asistida, el chorrear de la papilla por la comisura de los labios, el refregar la servilleta en la boca, con brusquedad por parte de la auxiliar paramédico, los comentarios reiterativos sobre el estado del tiempo, hacían olvidar que mas tarde, por horas, sólo estaría el diálogo entre sordos del pito intermitente del monitor;.rogaba que el médico no indicara conectarlo esa noche.....
El doctor Lustig pasó algo después de las 20 horas, la auxiliar ya estaba inquieta, ordenando y reordenando los frascos, las bajadas de suero, las ampollas. Le dio con apremio su informe de las novedades del día, El Dr. Lustig a su vez, dejó las mismas indicaciones de precaución en el conteo de las gotas, la exactitud en los centímetros cúbicos del frasco verde, a inyectar en la bajada del suero, con el tratamiento de la media noche. Todo lo repitió con una sonrisa - mueca de optimismo y con la misma mirada evasiva.....
Julia pensó que podía haber cambiado el orden de las gotas y de los comprimidos, total, eran a la misma hora........Raúl pensó que habría sido bueno que hubiese dejado otra receta, pero sólo dejó en el ambiente un ¡Buenas Noches ! !, coreado por la auxiliar y al cerrar la puerta, dejó cerrada la rutina y con ello llegó para Julia  la hora de dormitar un rato, sueño que en el fondo era profundo, insondable por un par de horas..

IV

Cerca de la medianoche, Raúl empezó con el ronquido sordo, la carraspera y el río de flema que arrastraba el último aire de los pulmones, pero hizo un esfuerzo que creía matarlo, respiró con calma, estiró los brazos y en el laxante lechosos vertió parte de su propio  jarabe de calcio y del jarabe de yoduro de potasio, el esfuerzo le produjo un intenso ataque de tos, el aire entraba entre flemas con silbidos y ronquidos y no llegaba nunca a su lugar, pero Julia, despertando, no perdió tiempo en aumentar el flujo de oxígeno del balón y  esperó que el ciclo de Raúl terminase, mientras se iniciaba el cuidadoso ritual de la administración de los medicamentos, terminado este rito, siguió con el rito mágico de sus 10 gotas de digitalina, y dos cucharadas de laxante, el que encontró algo más amargo que de costumbre, pero más amargo a su propia vida, imposible.
Julia esperó una vez más, escuchar la inhalación desesperada de Raúl, seguida de esas palabras como lamentos....pero nunca llegaría a aclarar, antes de dormirse, si escuchó palabras o una larga, larga risa.....

(Mención honrosa.Conjunto de cuentos.
Concurso de cuentos. Facultad de Medicina 1997.)
22/10/2005 20:38 Enlace permanente. Tema: cuentos No hay comentarios. Comentar.


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