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Página de Sergio Gacitúa Montecinos

Una anécdota para el primo Miguel.

Una anécdota para el primo Miguel.

¡Hola Miguel!:
Recién el jueves 30 de marzo te dejamos en el último aeropuerto.
Tu viajaste mucho y aún sigues en tu viaje infinito, por lo cual, algún día, en algún lugar perdido, nos encontraremos y podrás contarnos cómo ha sido tu última aventura.
Mientras tanto, te contaré lo que me sucedió ahora en marzo, al regresar de Buenos Aires, en el Aeropuerto de Ezeiza:
La historia empieza a eso de las 10.45 hrs, en la recepción del hotel, el que debía dejar a las 11 hrs, (en caso contrario, el hotel cobra un día más), además, me iban a pasar a buscar para partir a Ezeiza a las 11.15, y el tipo de recepción me entrega un mensaje de la agencia, el que dice, sin puntos ni comas,
"PASAN A BUSCARLO EL MARTES 15-05-05 A LAS 15.00 A LAS 11:10 NO TRASLADO AL AEROPUERTO"
FIRMADO:VERONICA(telefonista y recepcionista del hotel)….
Como puedes ver o la organización es como la economía argentina, o la telefonista anotó a su real gana el mensaje…esto motivo de inmediato una llamada a la agencia, y recibí confirmación que a las 11.15 me pasan a buscar, (me despedí del conserje, del portero, todos en ese hotel son “buena onda”, (pero la telefonista quien estaba presente cuando leí el mensaje, y pedí que llamar a la agencia, desapareció como laucha…)luego en el transfer o “remise”, pasamos a buscar aun matrimonio que estaba en un hotel en avenida 9 de Julio:
“La más ancha del mundo”, según los argentinos y creo que debe ser cierto pues tiene 18 pistas de circulación); llegamos al aeropuerto.
¿Mickey: ¿vamos bien con la historia?
Entregada la maleta den el couter paso al control con el bolso, y sigo un pasillo muy iluminado en el segundo piso y pasando por la perfumería muy elegante, me encuentro en plena sala de embarque: Y tu que volaste mucho bien sabes que existe el control de salida por policía internacional: “¿policía internacional?”,no se veía por ninguna parte, por lo cual doy marcha atrás y a mi derecha veo un bodegón oscuro, lóbrego y sólo estaban iluminadas las casetas de los policías…le toqué el hombro a uno y le explique mi error, mientras la cola daba mas vueltas y vueltas, el tipo se rió y me dijo que tenían un corte de luz, y terminado de visar salida de otro que estaba en la ventanilla, me atendía…conversamos dos o tres cosas y le dije que estuve a punto de quedarme tranquilo y tomar el avión, pero sabía que en otro viaje iba a tener problemas…me timbró el papelito y nos despedimos de mano.
Tuve tiempo para un café, una coca-cola, vitrinear y comprar un libro, y me senté a esperar…faltando un cuarto de hora para abordar, aparece el matrimonio, habían estado una hora y media en la fila….y algo sorprendidos por verme muy tranquilo, les dije “que yo hacía los trámites por ventanilla”. ¡Ni diplomático que fuera! ellos no alcanzaron ni a sentarse cuando ya estaban llamando para subir a bordo…
El vuelo como de costumbre y a los 15 minutos de llegar a Santiago, el capitán anuncia entre los chicharreos clásicos de de los parlantes, los que muchas veces escuchaste en tus vuelos y no se sabe si hablan en español, alemán chino y dice : “que faltan 15 minutos etc. para llegar y que”lo pasajeros que tienen vuelos en LAN CHILE a otras ciudades, pueden pasar de inmediato a sala de embarque pues el equipaje lo trasladan ellos….y yo había llenado en el vuelo pulcra y honestamente, el papel del SAG jurando por todos los santos de la guía telefónica, que no traía frutas, carne, drogas, armas, etc.…Ante el aviso tan convincente del capitán, me bajó la duda y le pregunté a una auxiliar de vuelo y me sale con el mismo tango, luego casi al desembargar en Santiago, le pregunto el sobrecargo y me cuenta la misma historia (y el ticket que te mando, dice claramente “vuelo a Stgo- Stgo-Concepción," )
¿Te habrías puesto saltón ante esto?, creo que sí…
Quedé con la duda, pero donde “manda capitán, no manda marinero”, así es que pasé directo a la sala de embarque… y con la inquietud de no haber pasado por aduana y entregado mi muy honesta declaración a los tipos del SAG…
Llegué a las 18.30 a Concepción y como tonto en el aeropuerto Carriel Sur, esperando en el torno que llegara mi maleta y no apareció…
Reclamo a una chica del personal de tierra quien llamó a Stgo y le salen con que “mi maleta no había sido retirada y no había pasado por aduana” y; que la embarcarían para llegar a las 22 hrs a Carriel Sur…
( Tu sabes que en Ezeiza son mandados a hacer para abrir y cerrar candados y sacar cosas, por lo cual, había puesto una marcas “secretas”, además de forrar los candados con scotch)..
Comprenderás que no estaba muy tranquilo esperando en mi departamento que llegaran las 22 hrs, para ir a retirarla, y no estaba tranquilo pues traía en ella todos los libros que había comprado.
Me fui en un taxi, y bueno no fui el único gil: habían 4 maletas más y sólo uno más que creyó al capitán su avisito, fue a esa hora a buscar su equipaje, ¿Te pasó algo así en tus viajes?
El personal de tierra me dijo que estaba en mi derecho presentar un reclamo…la pensé dos veces y a lo mejor por el mal rato podría haber tenido un pasaje ida y vuelta a alguna parte, pero como vi que los sellos estaban intactos, en un ataque de honradez muy lejano a mi persona ( hoy me pregunto, por este arranque de honradez, o por no usar la “típica astucia chilena”: “¿estaré destinado a ser Papa?”), por lo cual con una mano en el corazón y la otra sujetando los malos pensamientos, le dije que siempre había volado en LAN y un error es un error, y como venían intactos los sellos, no importaba.
Recién a las 22.30 pude, ya tranquilo en el departamento, contar y volver a contar los libros Y por dentro dando las gracias a no sé quien por la suerte que el personal de Ezeiza no es adicto a leer, pues para otros objetos “son como gaviotas para la tripa” …
Mickey, mi historia no es tan buena como las que me has contado,, pero, creo te vas a reír….
¡¡¡Buen viaje querido primo Miguel!!!!

Desde el aeropuerto de Concepción-lunes 4 de abril 2005."

Virgen-Niña

Virgen-Niña

VIRGEN-NIÑA
Portada:obra de Silvia Kum, abogado-pintora,de Resistencia.Argentina)
Dr. Sergio Gacitúa Montecinos.

Cristina, desde muy pequeña, tuvo clavados en sus ojos, los ojos de la Virgen, la cual tenía una mirada fija y que parecía clavarse en algo más atrás de los ojos de quién la contemplaba. Una mirada que según la luz de la sala, daban un destello de profundo vacío ¿o desprecio?.
Estos ojos la seguían una y otra vez en sus múltiples ires y venires por la sala principal; ya fuera cuando iba rumbo al dormitorio, o a un costado, ya fuera que iba al pasillo que conducía a la cocina, y para ella, la llevaban a sus lugares mas seguros.
Pasaba frente al cuadro con pasos rápidos y la vista gacha, pero sentía en su nuca la mirada taladrante de la virgen.
Un terror frío le recorría la espalda ,cuando todos los días que podía recordar de su vida; le dolía acordarse que diariamente que se subía a un piso de totora y debía limpiar con un paño inmaculadamente blanco cada mínimo rincón del marco barroco del cuadro de la imagen, lleno de rosas en relieve, pequeñas caras de ángeles alados, ramos de uva entrelazados los que permitían siempre que sus tías, o su madre en la inspección, encontraran rastros de polvo.
Estas imaginarias huellas de suciedad y las débiles rayas de grasa en el vidrio de la lámina motivaban los retos, pellizcos e insultos de las viejas de la casa “por bruta, inepta, inútil”y las amenazas de ” por ello la Santa Virgen no te llevará ante el Señor”.
Luego, a la hora del ángelus, su madre, tías y abuela de rodillas rezaban latamente el rosario, el cual Cristina sólo remedaba el sonsonete porque nunca pudo aprender alguna frase, ni menos entenderla, pero si tenía claro que algo muy malo le iba a pasar si no hacía lo mismo que las viejas
Esta rutina de pasar el paño por el vidrio, sin poder despegar sus ojos de los ojos de la virgen, le eran dolorosos y aunque muchas veces apretaba los párpados hasta ver una tela negra; los ojos azul acero de la imagen pasaban por sus párpados y llegaban a hervirle en la nuca.
A lo largo del tiempo y la rutina, había observado que ahora los ojos de la virgen tenían como un halo amarillo alrededor de la pupila y Cristina pensaba que el vidrio no estaba suficientemente limpio, pero le atemorizaba pasar el paño por esa zona pues obligadamente tenía que mirarlos.
La imagen, centenaria en la casona, tenía ese artificio del pintor: las pupilas seguían a las personas que cruzaban frente a ella con una mirada dulce y maternal, pero que con el tiempo para Cristina la mirada que la seguía había adquirido algo de fantasmagórico y diabólico.
La niña sabía de memoria la historia: Su abuela, dueña de la casona y la quinta, y a hacienda había heredado la santa imagen de su abuela, a quien su marido se la trajo de España, donde en una época fue privilegio de los monjes de Valleplano el pintar con esa técnica los ojos de un retrato que siguieran a quien pasara por delante y mirarle los ojos, era sentirse traspasado e inundado de un irreprimible deseo de confesarse de inmediato.
Así, esta valiosa Virgen, había estado por generaciones en la familia, y según recordaba Cristina, muchas veces cuando niña sus tías le decía que “sería su regalo de bodas”, (y siempre que decían esto, su madre y sus tías se miraban de reojo, se encogían de hombros y sonreían con conmiseración)
Así fue pasando el tiempo y el tiempo y Cristina dejó de escuchar estas frases y luego empezó a escuchar que esta Virgen, a lo mejor iba a ser la más segura compañía que tendría cuando fuera mayor, y mientras ella ocuparía su tiempo tejiendo chalecos tras chalecos para sus futuros sobrinos...
Así también lo pensaba ella, quien por ser la menor y por una razón que no entendía, después de ver pasar durante cinco años caras distintas por la misma sala de clases, en la escuela frente a la plaza y a una cuadra de su casa, dejó de ir a clases pues una tarde su madre la llevó a casa después que la Directora y su madre tuvieron una conversación a puertas cerradas mientras ella sentada en la oficina de la secretaria, rayaba una y otra vez su cuaderno.
Recuerda que su madre salió de la oficina con los ojos enrojecidos y sin decir palabra, la llevó a tirones hasta la casa, de la cual nunca más salió. No volver a la escuela, fue un alivio para ella, pues las profesoras hablaban cosas difíciles de entender,
A cambio de la escuela, empezó el tormento de las diarias y rutinarias labores de la casa.
Todas las tardes debía cruzar el salón, al cual entraba la luz del sol poniente e iluminaba a la Virgen, cuyo marco estaba empotrado entre dos vitrinas; una colección de muñecas, con sus vestidos apolillados y algunas sin los ojos, las otras, con las miradas perdidas y a Cristina le hubiese gustado jugar con ellas, pero le estaba prohibido pues “era el único recuerdo de la tía Mariana, que en paz descanse y abrir esa vitrina sería ofender su Santa Memoria”.
Cristina pasaba con los párpado apretados frente a la vitrina de las muñecas y frente al cuadro de la Virgen, aunque sentía su quemante mirada en la nuca y sólo de reojo y sin detenerse miraba las muñecas.
Así, la niña, en sus innumerables viajes a la cocina, cruzaba velozmente el salón, ciega a las tentaciones y hacía de memoria el camino y el miedo a los ojos sólo se disipaban llegaba corredor, rumbo a la cocina, o a la pieza donde sus tías rezaban y conversaban todo el día.
No recuerda cuantas veces contuvo el deseo de ir a orinar en la caseta del fondo para no pasar una vez mas frente a la inquisidora mirada, pues el terror que le causaba, la iba carcomiendo día a día. Al fin, el dolor de la vejiga y la tensión de los muslos la obligaba a cruzar el salón a pasos cortos con el apremio y el temor de no alcanzar a llegar a la caseta fétida, en el fondo del patio. Sin embargo, ese lugar le daba una sensación de flotar en el espacio cuando terminaba de orinar, allí, en los cuadrados de papel de diario colgados de un alambre, la niña, con un palito podía romperle los ojos a las fotos El encanto se esfumaba ante el grito de la madre pidiendo que llevara la tortilla o cebara el mate.
Los ojos iluminaban sus pesadillas, y los ojos se le presentaban en la espuma del jabón de la artesa del lavado, y así un día tras otro, unos días más largos y calurosos, otros mas cortos y fríos, con noches mas largas y mas cargadas de pesadillas se sucedían interminablemente, mientras mas chalecos y mas bufandas, salían interminablemente de sus manos.
La rutina de Cristina se rompió un día al escuchar a sus tías aullar y rezar y la tía Josefa en la cama, no se movía. A medio día la pusieron en un cajón, rodeado de velas y flores, con la cabeza de la vieja bajo el marco de la virgen, y así la tuvieron toda la noche y hasta la tarde del otro día.
Cristina, obligada por la abuela, tuvo que mirar por última vez la cara de la tía Josefa, la cual tenía los ojos entreabiertos y como que la miraban y a su vez los ojos de la Virgen sobre ella, cuatro clavados como dardos en los ojos de la niña, el terror la hizo gritar y las tías la sacaron al patio para que ”no se emocionara”.
El salón y el corredor se llenaron de mujeres, de vecinos, de inquilinos de la hacienda, cuatro frailes y todos rezaron y cantaron, luego los inquilinos, sacaron el cajón, mientras las mujeres llevaban las coronas dejando el salón pasado a flores marchitas, a humo velas, a sudores y perfumes
Cristina quedó con la orden de barrer el salón, mientras el gato de su madre, sentado en la mesita de las velas la miraba indiferente, y ahora eran cuatro ojos los que no se despegaban de la muchacha. Se sentó un momento y se quedó dormitando, cuando el gato se refregó es sus piernas desnudas, lo que le produjo la sensación de una descarga eléctrica.
Los días volvieron a la rutina de siempre y Cristina muchas veces como ratón cruzaba velozmente el salón, con los ojos cerrados, y cuando los abría por instinto era para no pisar al gato de su madre, el cual la miraba impasible, con los mismos ojos amarillentos de la virgen.
Las tías fueron desapareciendo, ella se iba sintiendo más cansada y el número de bufandas, chales y chalecos que tenía que tejer aumentaba y disminuían las mujeres que por las tardes rezaban pedían mate tras mate y hablaban y hablaban de las mismas cosas, que por lo demás ella no entendía.
La rutina se rompió una vez más con el ritual de poner a su madre en un cajón a los pies del cuadro de la virgen y luego por orden perentoria de la abuela quedó obligada cuidar al gato, al maldito gato, porque “era el único regalón y el consuelo de tu difunta madre, a quien Dios tenga a su Diestra”.
El gato, cada día más gordo, más impávido, e indiferente sólo la miraba cuando Cristina mecánicamente cumplía la rutina mil veces repetida de limpiar el cuadro y el marco, labor que día a día le tomaba mas tiempo pues los huesos le dolían al subirse al piso y los hombros crujían al estirar los brazos con los trapos hacia el marco.
Un día, sacaron el último cajón de la casona, y Cristina siguió la rutina de llevar la tetera y las tortillas a una pieza vacía, sintiendo sólo los ojos de la virgen y del gato en sus espaldas.
Fui por primera vez al pueblo de mis tatarabuelos, por asuntos de la herencia, y después de más de 30 años de sucedidos estos hechos descubrí con sorpresa que los viejos vecinos aún discutían: si todo sucedió en una mañana de otoño o una mañana de invierno, los unos juran que ese día llovía, pero ahora pienso que sólo Cristina ¿lo sabe? ¿lo supo?:
Cristina esa mañana se miró al espejo y vio a una desconocida arrugada, de pelo blanco.
Extrañada, pasó por el salón y por primera vez distraída y con los ojos abiertos, ensimismada en quien era la imagen que le había devuelto el espejo; sin querer miró por y primera vez directamente a los ojos de la virgen. Al salir de la habitación, tropezó con el canasto de los tejidos, lleno de ovillos cruzados por 20 palillos, y entonces vino el estallido de mil tormentas aherrojadas en su pecho liberado en un aullido interminable.
Sobre este suceso los vecinos aún discuten sí en aquel aullido interminable les fue más difícil acallar ese grito, despegar a la vieja-niña-virgen del amasijo de vidrios y astillas del marco de la Santa Virgen; o desprender al gato traspasado por dos palillos desde los ojos hasta la nuca y enterrados a través de los rotos ojos de la Madre Virgen, clavados hasta el infinito en el muro de adobe.
Todos en el pueblo si que coincidieron en que nadie supo nada más de la niña- vieja –virgen, quien esa misma tarde de los alaridos, fue llevada en una carreta al hospital de la ciudad grande, y yo mismo, de mi pariente lejano nunca supe más fuera de lo que me inormó el rumor del pueblo.
De la casona quedaban parte del techo, unos muros de adobe, uno de ellos pintado a la cal, amarillento por el humo y el tiempo, pero lucía un rectángulo blanco al centro, con dos agujeros que semejaban ojos de barro. Nadie me quiso explicar porqué no habían demolido las ruinas…yo tampoco quise hacerlo.

Dr. Sergio Gacitúa Montecinos
Cuento premiado en 3er lugar en el
Concurso de Cuento y Poesía del
Colegio Médico de Chile.
Santiago 3 de diciembre 2003

Virgen. Niña

IGLESIA DE CAPIATÁ ANTES DE LA LLEGADA DEL PA'I RENATO.
Y EN EL RELATO SIGUIENTE SE SABRÁ CÓMO CAMBIÓ LA IGLESIA Y EL PUEBLO.....

CAPIATÁ

CAPIATÁ

CAPIATÁ
Al salir el sol, José dejó el pueblo; no volvió la mirada porque la desesperanza tiene un horizonte más amplio y lejano. La tierra roja, hecha barro pegajoso por la lluvia de la noche, agregó una suela más a las plantas descalzas y el barro fue lo único que trató de retenerlos en su pueblo.
José se fue porque pensaba que Capiatá no tenía porvenir, ni pasado ni destino; el no era en su vida no era más que una “escoba mal hecha”, “un puñado de paja”, una improvisación; tal como Capiatá , significa en su lengua materna.
En el puerto de Asunción, José esperó largo rato a ser llamado; otro obrero que lo antecedía en la fila de espera y oriundo del Chaco, era tan torpe en la capital como él, y fue increpado duramente por el capataz: : ¡ por lo lerdo que eres, tienes un atado de paja en vez de sesos ! ! !,...¡¡pareces una “typichᔠ!.y dirigiéndose a José le ladró:.¡¿ Y vos, de donde sos?: José en su nerviosismo sólo dijo: !!chamigo tendotá !! ¡ Yo soy de más allasito no más de San Lorenzo !!
Julia, morena por los soles, con dieciocho años, pero con cien en el rostro, de busto enhiesto y de un andar ondulante por la costumbre de andar con zapatos de cuero, sin tacos, o descalza si las tardes o las madrugadas frescas se lo permitían.
Llegó a la ciudad, en la primera y única micro del día, que pasaba por las afueras de su pueblo, y Julia sólo llevaba como equipaje su hambre, sus conocimientos de la escuela, la dificultad de hablar con la gente “culta” por su lenguaje mezcla de castellano y guaraní y muchos deseos de hacer algo, cualquier cosa, menos volver a Capiatá.
En el boliche, se chupó con ansias, haciendo sonar la bombilla unos mates de tereré para refrescarse.
Allí le indicaron una casona donde necesitaban una sirviente.
La señora, después de mirarla de arriba abajo, le ordenó servir el mate, labor maquinal que Julia había hecho desde niña su madre y a la abuela .A su vez, deslumbrada con su patrona, dueña de una casona con ante jardín fragante y un patio central con el ikua , la que había que sacar con un balde atado a una soga ,pero en su lengua nativa, pensó en que esa agua no era como la “ysat┠que corría por el patio de su casa Hizo esta labor por primera vez en casa extraña pero deseosa de quedarse y hacerlo todo bien, pues estaba deslumbrada por los lujos de la casa, el vestido y los modales de Ña Serafina, pero el ambiente la puso torpe y botó el agua, salpicando los pies de su patrona quien la increpó:¡¡torpe!!...pareces cabeza de Capiatá! ni siquiera alcanzás para typycha ! ! .¿De donde venís vos?, Julia por instinto dijo: ¡ de más acasito de San Bernardino!!.
En Capiatá, el padre “pa’í”6 José María, mas cansado que viejo, mas decepcionado que enfermo, llevaba en su joroba el desencanto de muchos años, mirando cómo en las misas las goteras del techo, aumentaban en proporción inversa la asistencia de feligreses jóvenes.
Del pórtico miraba languidecer el día, entre los árboles descuidados de la plaza, donde pastaban mas vacas que paseantes. y las casas de los costados, con puertas desvencijadas, sin pintar desde muchos años, ni siquiera ya pintarlas como era tradicional, para celebrar el Día del Patrono de la Ciudad
.
Cuando caminaba por los corredores de la pequeña iglesia, leyendo el breviario, repasaba más los pedazos caídos de la pintura de cal en los muros los formando manchas del ladrillo rojizo del muro y que cuando las miraba distraído, empezaban a formarse en su mente imágenes del pasado, rostros, y otras no muy santas, y que le sorprendían mucho más que las páginas del breviario mil veces leídas. Pensaba que el descascaramiento de pintura crecía como tumor maligno de esos incurables.
En las casas y quintas señorariales de las afueras, también crecían los Comité de Adelanto de Capiatá. El uno presidido por el Escribano y su esposa Emilia, al que convenía no hacer nada que significara delimitar sitios o desempolvar escrituras de propiedades, pues habría perdido un tercio de la propiedad de las quintas del pueblo.
El otro Comité, presidido por el cacique político, sólo favorecía dando trabajos en la estancia, según los votos que aportaran por familia cada capiateño.
Doña Silvia, esposa del hacendado, se rodeaba de otras damas “benefactoras”, que ayudaban sólo a aquellas mujeres modestas que podían aportar sus manos o sus hijas a las cocinas o a las camas de sus hijos. El único acuerdo entre los miembros del Comité, era mantener las cosas como estaban, para tener mano de obra barata y al pueblo controlado..
Y los modestos habitantes con la desesperanza a cuestas, siguieron abandonando el pueblo.
Josefa, cuan su futura patrona le preguntó de dónde venía le : dijo cabizbaja que “era nacida cerquita de Itauguá”,. Raúl, por su parte fijó su residencia e un vago lugar: “ él venía de el ladito de Areguá”, Rosa, por su parte con remordimiento de renegada, dijo a sus patrones que vivía “ cerquita de Itá, más para el lado de Ypacaraí”, Pedro a su vez apareció como venido de “entre Itauguá y Aregúa”.
Todos tenían en común la torpeza pueblerina, y el temor de ser comparados con unos “atados de paja”,”¡¡Un capiatá!! El que era un dicho común y despectivo de los asuncenos, dicho que les empezó a doler como bofetada en las entrañas y les hizo ver una vez más a su pueblo en la perspectiva de algo descarnado, sucio, despreciado.
Así, a los emigrantes, sin saberlo claramente, se les fue desarrollando el instinto de decir “soy saliendo de”; “.de más allasito de...” y Capiatá se fue transformando en un ombligo impreciso, rodeado de pueblos los que, curiosamente, producían sólo en sus cercanías, obreros y empleadas.
El padre “pa’í” José María, murió una tarde tan muerta como todas las anteriores, junto con el último repique carraspiento de la campana, rota por la bala de cañón, allá por los tiempos de la Gran Guerra.
Capiatá sólo despertó por unos días de su letargo, tanto por los funerales del Pa’í, como por la interrogante sobre el nuevo cura que llegaría un ¿cuándo?. Interés que se fue diluyendo en las copas de caña, las siestas, el tereré de las mañanas y de las tardes, el sueño nocturno, las siestas y los pocos quehaceres del día, a cargo de las mujeres. Y así, sólo el calor y el tedio siguieron lenta y laboriosamente, cultivando la carcoma del pueblo..
Un sábado, junto con besar el anillo de Monseñor, el padre Renato, embotado por el calor y el viaje en barco, escuchó un saludo, y entre sorbos de tereré un discurso, “Sobre los Designios del Señor, que había llamado al santo padre José María a su lado y le enviaba al padre Renato a hacerse cargo de la parroquia de Capiatá, cuya primera misa, por la Gracia de Dios, “ofrecería mañana mismo” puesto que es domingo,” y con un “Ve con Dios hijo mío” ; hubo otra estirada de mano lánguida para el beso ceremonial del anillo, y con la otra coger mate de tereré y así el padre Renato se encontró esa misma tarde caminando con su maleta mas liviana que los recuerdos de su país vasco, desde la carretera hacia la iglesia, abriéndose paso entre el plomo fundido del aire y el sudor mercurial, cruzando un pueblo silencioso y vacío pero vigilante tras los visillos..
Ramiro, el sacristán, que sólo era un amasijo andante de despojos liados por trapos y caña, saldo de la Guerra del Chaco, no había terminado de repicar la campana de la primera seña el domingo , cuando el pueblo en masa ya llenaba la iglesia, e incluso la vereda. y parte de la plaza...
El padre “pa’í” Renato, en la prédica, con voz dura, les dio la bienvenida, les hizo notar en el sermón,con tono duro y la franqueza del vasco que corria por sus venas: “que así como se presentaban bien arreglados para recibir al Señor, así debían presentarle su Casa, su Iglesia y que él, como Pastor, se encargaría de arreglar el Corral de sus Ovejas”.y esas ovejas son ustedes, concluyó con un tono casi mas despectivo que pastoral.
Esa misma tarde, el pueblo sorprendido vio al pa’í Renato, sin sotana, arremangado y con la camisa abierta, encaramado en una escala, pintando con cal la fachada de la iglesia.
Unas mujeres se fueron acercando; la una, trajo mas agua para la cal, la otra, una escoba, y todas miraron de reojo y sin pecado pero con ansias reprimidas la erotizante y atractiva piel blanquecina y la musculatura del joven pa’í.
Llegaron dos viejos, con brochas, otro con una bolsa de yeso y esa tarde no hubo misa, pero los muros empezaron a cobrar vida.
El pueblo se acostó tarde, los comentarios pasaron del Copetín Flores a la calle, de la calle por los patios, y en la semana, gracias a los rumores, la iglesia lucía como orquídea en un basural.
La epidemia de arreglos empezó por los contornos de la plaza; el Escribano hizo repintar su puerta y fachada, pulió el bronce de su plancha por su parte el dueño del Copetín Flores, repintó el letrero, y Ña Sofía pintó de azul la fachada del Almacén
. El uno sacó sus vacas de la plaza, el otro, arregló los árboles, el de más allá puso tablones en las bancas y la plaga de aseo y adornos fue invadiendo el pueblo.
Los Presidentes de Juntas de Adelanto, los caudillos políticos de las estancias vecinas hicieron su parte diciendo en voz alta que ellos habían pedido a Monseñor que enviara al cura “pa’í” Renato y en él habían delegado las funciones de coordinar el ornato de Capiatá, fuera de eso, dieron gracias a Dios que el padre fuera cosechador de almas y no de votos.
Ña Silvia, esposa del hacendado, invitó por primera vez, a sus amigas de Asunción, a celebrar su cumpleaños en su casa quinta, a una cuadra de la iglesia, y toda la conversación giró “en lo lindo que estaban dejando el pueblo”.
En Asunción se supo que Capiatá era un pueblo muy acogedor, muy limpio, muy “de moda; y el deseo de ir a conocer el pueblo fue motivado en parte por icuriosidad y en parte por ver si sus empleadas y obreros realmente estaban viviendo en el pueblo pues al despedirse simplemente dijeron: ¡me voy a mi pueblo, a Capiatá!.
Dr. Sergio Gacitúa Montecinos
Octubre 1996. Asunción del Paraguay-Concepción-Chile.
Tercer premio Concurso de cuentos Colegio Médico de Chile.1997
.

EL CHICO NÚÑEZ(¿Enfermedad deAlzheimer?)

En mis tiempos de estudiante de Medicina, nuestras fiestas eran llamadas “ malones”, los que se hacían habitualmente en casa de algún compañero que vivía en Concepción, y, la costumbre de esos tiempos era llevar las provisiones y a las amigas y pololas, respetando la buena voluntad del dueño de casa, el que permitía que la fiesta terminara a media noche o a lo más a las 02.A.M.
Generalmente íbamos a la casa del chico Núñez, una casona que se había salvado del terremoto del 39 y que tenía una pieza- escritorio del dueño de casa, l que era de profesión contador. un pasillo un pasillo separaba a la amplia pieza que oficiaba de salón y daba paso al comedor..
El pasillo, muy largo, terminaba en la cocina y mas al fondo, la pieza de la empleada.
Al lado y a continuación del comedor, había un patio con jardín y a la derecha, el dormitorio del chico Núñez, una pieza desocupada y luego el dormitorio de sus padres ,seguía otra pieza y luego el baño.
A un lado de la puerta del dormitorio de los dueños de casa, había un precioso reloj de péndulo, el que juega un papel en esta historia y al que daba las campanadas a la hora y a la media hora y al cual el padre de Núñez el que era un hombre muy meticuloso y detallista, y daba cuerda antes de acostarse religiosa y puntualmente a las 21 horas, guardando siempre la pistola bajo su almohada según nos contaba siempre, pues una vez le habían entrado a robar…
Este distinguido señor, iba al comedor a conversar con nosotros mientras preparábamos el ponche de frutillas o chirimoya, única bebida alcohólica que permitía en su casa (y al que mas tarde agregábamos pisco) y los refrescos.
Nos llamaba la atención la tendencia a repetir historias ya contadas y nos daba la sensación que para él eran nuevas y divertidas, y a veces olvidaba lo que estaba diciendo y seguía con otra historia y se justificaba diciendo que tenía muchas preocupaciones o exceso de trabajo Nos distraíamos de su conversación y recuerdos simulando que le prestábamos atención, en cuanto entraba la empleada a ayudar. Ella era una muchacha de unos 22 años, morena, de pelo negro, con unos ojos negros y brillantes, de cuerpo sensual que irradiaba sexo y que nos despertaba a la vez el intenso deseo de poseerla y la mas negra de las envidias pues sabíamos que el chico Núñez era el único que recorría esa geografía de curvas, valles y montes….…
El chico Núñez para satisfacer su deseo, debía cumplir todo un ritual para recorrer el pargo pasillo llegar a la pieza de la empleada: esperaba la primera campanada de medía noche y daba el primer paso, a los 5 segundos de espera con una pierna estirada sin rozar el suelo, apoyaba el pie cuando venía la próxima campanada del reloj y así con paso en cámara lenta sincronizaba su andar con las campanadas para que el crujido de las tablas no lo delatara, y bueno, a las 5 A.M. se repetía el ritual en sentido inverso después de una noche de amor, pero esta vez dando pasos más largos lo cual siempre lo ponían en situación embarazosa y en equilibrio inestable pues las zancadas debían ser mas largas y los lapsos con un pie en alto lo hacían tambalear…
Núñez faltó unos días a clases y cuando apareció vimos que en el vertex del cráneo le faltaba pelo y lucía un lindo hematoma.
Algo reticente nos contó que una noche, volviendo a su pieza, confiado en su perfecta sincronización con el reloj, y frente a la pieza de su padres, afirmó el pie, crujió la tabla, no sonó la campana del reloj y el padre disparó a la silueta que se recordaba contra el ventanal del jardín., .y el chico dijo que venía del baño, dando toda clase de excusas por haber ido a una hora no programada en el ritual establecido por su padre. ASl unísono, le recomendamos que usara boina por un tiempo...….

EL DÍA DE MISCHÁ

EL DÍA DE MISCHÁ

EL DÍA DE MISCHÁ

Dr. Sergio Gacitúa Montecinos.
Febrero 1995.

¡MISHAÉ!, ¡MISCHAÉ!!!
¿Cuánto hace que llamó mamá?, el sol ya está tocando la silla del columpio que colgó mi abuelo para el cumpleaños de Xiniah. Dijo que la rama del nogal podía cargar hasta 5 niños, no creo, pero veré cuando se columpien mis primos.
Hoy no se puede jugar porque mañana es el Día de Mischá. El sol ya está cayendo tras la cerca, entre las nubes negras y está iluminando mi ventana. Recuerdo que el abuelo dijo que un día y a una hora y por única vez, el sol entraría directo a mi ventana, y yo sería el único que lo iba a ver, no lo creo, pero ¿puede ser?, ¡si el abuelo lo dijo!..
Las nubes están negras y redondas, como los ojos de mamáh Marieth; dice mi madre que son ojos de gitana, no lo sé, pero Marieth, en las tardes, sentada en la puerta de la cocina, tejiendo y hablando entre dientes y en forma rara, se queda mirando al Este, como perdida y a veces canturrea en un idioma distinto al que nos enseña el Phateh Mosdik en el Templo.
Mamáh es vieja, y no me importa que sea gitana. Cuidó a mi madre cuando niña, cuando vino la peste desde el Oeste, del lado donde está muriendo el sol. Cuidó a mis hermanos y a mi, a los hermanos de mi padre y de mi madre.
El abuelo dice que la conoce desde chica y que siempre ha preparado los moushot de nueces y chocolate, igual que el del postre del almuerzo, pero hoy, recuerdo que fue poco, ¿o yo estaré más grande?, todo porque mañana es el día de Mischá y hay que comer poco, así lo dijeron mis padres y mis abuelos.
Y mamá Marieth debe ser gitana del Este, porque en su pieza guarda unas marioshkas, las que un día se me cayeron ,cuando a escondidas pretendía sacarle dulces de chakleth, que guarda en un costurero de madera de abedul. Las muñecas cayeron, una afuera de la otra, me sorprendió mamáh y dijo que esas marioshkas se las había regalado su madre, que a su vez las recibió de la madre de su madre.
Y porque el costurero y las muñecas son de abedul y mamá cuida los abedules del huerto y les habla, estoy casi seguro que es gitana, porque si no lo fuera ¿porqué mira tanto hacia el Este?, ¿Cómo si quisiera ver detrás de las montañas?
Mi tío, el hermano que está antes de mi padre, dice que allá la tierra es muy plana y hay abedules, y los gitanos cruzan en carros los bosques y los campos, mi tío dice que esas tierras se llaman estepas..
Y él ha estado en la gran ciudad y ha traído pieles que vende en la tienda frente a la de mi tío, el hermano mayor de mi madre, el padre de Josh, quien mañana está de Día de Mischá, y con los cinco primos nos celebran en la casa de mis padres.
En todo caso, me gusta más la tienda del padre de Josh, y me gusta la tienda porque tiene olor a canela, a pimienta, a clavo de olor, turrón de leche y otras cosas que mi tío trae del Oeste y del Este, y la tienda huele igual que nuestra cocina cuando caen las primeras nieves, y también me gusta mi tío porque me cuenta de la puerta de madera perfumada, que salvó del incendio en Londres, cuando se quemó el almacén del tío abuelo y ahí conoció a las personas que le venden las cosas que él también vende. Pero mi tío también viaja y a mi padre le ha traído tabaco aromático de las Islas, y al abuelo un licor que se llama cognac y mi abuelo dice que la botella tiene la edad de su abuela, y mi abuela se enoja cuando toma dos copas de cognac después de la cena, y se pone a contarnos historias de su abuelo a quien acompañaba por Europa a comprar mercaderías...al mismo abuelo que estuvo en la Gran Guerra.
Y de la puerta de madera perfumada, cuenta mi tío, que su abuelo ls trajo del Africa, cuando vendía cosas a los ingleses, y esa puerta ahora separa el mostrador de la bodega, y tiene una llave grande de bronce y una chapa pon pestillos de dientes que no suenan al abrirla, porque mi tío siempre le pone aceite y dice que es una chapa muy antigua, del siglo pasado..
Pero también me gusta la tienda de pieles de mi tío, aunque tiene el olor del museo que vimos cuando mi primo, el mayor de los hijos, del mayor de los hermanos de mi madre, y que estudia Medicina, nos llevó a escondidas un domingo, después de la Preparación del Templo.
Mi tío viste elegante, con reloj suizo con cadena de oro y vestón cruzado, y en el Templo todos lo quieren porque regala cueros para escribir los pergaminos del Libro Antiguo.
Pero mi tío de la tienda de especias, me regaló una moneda de la ciudad grande del Este, y tiene un águila de dos cabezas, y dijo que se llamaba kopek; es más grande que los scholtz que nos regala el abuelo, cuando terminamos de recoger las nueces. Mi prima Aniah, se mete en mi pieza cuando estoy solo, y me dice que se la muestre, dice que le gusta mucho, y se acerca mucho a mi para mirarla y el pelo le huele como el humo de las hojas que quemamos cuando recogemos las castañas.
Y hoy no tomaremos onces, porque no se come desde el almuerzo hasta la cena y uno tiene que estar en la pieza y pensar porque mañana es el Día deMischá y en el almuerzo de celebración de Espeth deh Mischá, hubo lonjas de ternera en salsa de espliego con coles en aceite de oliva, que se guarda en la Botjhá especial para las Fiestas, y que se usó el año pasado cuando murió el padre del padre de mi padre, y celebraron La Comida.
Junto con las campanadas de la hora nueve que dio el reloj de pedestal de cedro, que el otro abuelo compró en Basilea, oí a mi mamá cuando dijo ¡Mischaé...la cena está servida!.
En el comedor, con la larga mesa de caoba, sobre el mantel de lino almidonado, con los girasoles amarillos de Budapest, bordados en seda, los abuelos, después de ponerse las Filenarias, encendieron las candelas de miel de girasoles, en el Candelabro de Plata, el que tiene una forma de ola y en la parte más alta, están las velas más cortas y usadas desde mucho tiempo; mi papá una vez me dijo que eran las candelas de los abuelos, y las más largas, puestas en los dos extremos mas bajos de la ola, éramos nosotros, los Mischaé, pero no entendí bien lo que me explicó pues mi prima Atjáh me estaba mirando y cuando me mira, se me pegan los ojos en sus ojos.
Creo que Atjáh también es gitana como mamáh Marieth, porque tiene los ojos negros y los dientes muy blancos, no como los de mamáh Marieth que son negros, porque masca a escondidas tabaco y semillas de girasoles, según le contó mi madre a mis hermanas y yo escuché desde el escritorio. En fin, creo que miraré esos ojos de Atjáh de más cerca, cuando estemos solos en el escritorio haciendo las tareas.
En la cena, hubo trucha hervida con limón del huerto y patatas en puré con ajos, que dice mi abuela, se hace siempre en la cena antes del Día de Mischá, y la trucha, la sacó mi abuelo en el mismo río donde me ha llevado a pescar y hay que cruzar en la balsa del viejo Khikhel, cuando vamos a ver las siembras en las tierras que recibió mi abuelo del padre de su padre, claro que mi abuelo prefiere llevar a mis hermanos mayores, pero no importa, porque a mi me lleva a pescar y me deja trepar al manzano y también me deja comer ciruelas redondas y negras, como los ojos de Marieth, ciruelas que están duros como sus pechos, que he tocado con disimulo, y me las como con sal, pensando que estoy mordiendo sus senos...
Después de terminar la cena, y finalizado el canto ritual entonado por los abuelos, mis padres exclamaron: ¡Ha terminado el Espeth de Mischá!: ¡Mischaé Ahron, Mishaé Jacob, y así nos nombró a todos, agredando: ¡Mischaé: mañana es el Día de Mishá!!!
Y hoy es el soñado Día de Mishá , desperté ansioso yy con una curiosidad que me hacía cosquillas por todo el cuerpo; ¡como gran regalo, me cambiaron los pantalones cortos por unos largos y me quitaron la É!

Primer premio Concurso
Cuento y Poesía 1995
Facultad de Medicina.
Universidad de Concepción.

EL DIA DE CUMPLEAÑOS

EL DIA DE CUMPLEAÑOS

DÍA DE CUMPLEAÑOS.

“ Te contaré que con los primeros fríos, y cuando los días se empiezan a hacer más cortos y antes que lleguen las primeras lluvias, los gitanos de las afueras del pueblo, ya han empezado a engrasar los ejes de sus carromatos, a remendar los arneses y a herrar los caballos, para partir una vez más y desde siempre, tras el sol.
Como de costumbre, han puesto en los mesones, las cajitas de sándalo, las mandolinas adornadas con nácar y concheperla, los mantones de Manila bordados en sedas brillantes, los jarrones de bronce la India, las pipas turcas, y todas las maravillas que año a año hemos admirado y comprado.
Con mis primos sorteamos quien iría a buscar las monedas que el abuelo deja, como olvidadas, en esta fecha, en el escritorio, y vamos a buscarlas porque sabemos nos las deja para comprar recuerdos...
Sabemos que se hace el olvidadizo, el que perdió las monedas, pues en la familia nos tienen prohibido visitar a los gitanos, porque nos dicen “enseñan cosas malas”, pero también sabemos que los abuelos de nuestros padres hicieron lo mismo y coleccionaban cajitas de laca del Japón, figuras del Africa, pañolones bordados, muy escondidos en el fondo de sus baúles.
Entré al escritorio y en un rincón, algo agachado por los año, de perfil, con la mirada perdida por sobre los árboles que coronan la colina, mirando las nubes grises, estaba el abuelo, perdido en sus pensamientos. Entré en silencio y sobre el escritorio, estala el Libro, abierto en la Página de la Familia, allí leí su nombre y bajo este, dos líneas:
-Abril, seis, de mil novecientos treinta y seis.
-¿...................................................................?
y al lado, estaban las monedas.
Las tomé en silencio.
Al salir, volví el rostro hacia el abuelo que seguía inmóvil, y cosa rara, aún cuando estaba nublado, casi obscuro, y ninguna luz daba en su cara, vi que sus ojos tenían un brillo extraño, como un vidrio salpicado con agua....
Ese día, para mi, la feria de los gitanos, dejó para siempre de tener encanto....
(marzo 1996)

Saludos

Saludos

Saludos cordiales a todos los que visiten esta página,en la que encontrarán cuentos,algunos de ellos con premios, no seguramente por ser los mejores sino por ser los únicos que se presentaron a esos concursos.
Verán fotos con anéctodas de viaje.
Todo comentario con crítica es bien recibido y espero hacerme de muchos amigos.
Dedico esta página a todos los buenos amigos y amigas del Paraguay,Israel,Argentina,Colombia, Bolivia y de Chile.
Suerte
Sergio.