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En mis tiempos de estudiante de Medicina, nuestras fiestas eran llamadas “ malones”, los que se hacían habitualmente en casa de algún compañero que vivía en Concepción, y, la costumbre de esos tiempos era llevar las provisiones y a las amigas y pololas, respetando la buena voluntad del dueño de casa, el que permitía que la fiesta terminara a media noche o a lo más a las 02.A.M. Generalmente íbamos a la casa del chico Núñez, una casona que se había salvado del terremoto del 39 y que tenía una pieza- escritorio del dueño de casa, l que era de profesión contador. un pasillo un pasillo separaba a la amplia pieza que oficiaba de salón y daba paso al comedor.. El pasillo, muy largo, terminaba en la cocina y mas al fondo, la pieza de la empleada. Al lado y a continuación del comedor, había un patio con jardín y a la derecha, el dormitorio del chico Núñez, una pieza desocupada y luego el dormitorio de sus padres ,seguía otra pieza y luego el baño. A un lado de la puerta del dormitorio de los dueños de casa, había un precioso reloj de péndulo, el que juega un papel en esta historia y al que daba las campanadas a la hora y a la media hora y al cual el padre de Núñez el que era un hombre muy meticuloso y detallista, y daba cuerda antes de acostarse religiosa y puntualmente a las 21 horas, guardando siempre la pistola bajo su almohada según nos contaba siempre, pues una vez le habían entrado a robar… Este distinguido señor, iba al comedor a conversar con nosotros mientras preparábamos el ponche de frutillas o chirimoya, única bebida alcohólica que permitía en su casa (y al que mas tarde agregábamos pisco) y los refrescos. Nos llamaba la atención la tendencia a repetir historias ya contadas y nos daba la sensación que para él eran nuevas y divertidas, y a veces olvidaba lo que estaba diciendo y seguía con otra historia y se justificaba diciendo que tenía muchas preocupaciones o exceso de trabajo Nos distraíamos de su conversación y recuerdos simulando que le prestábamos atención, en cuanto entraba la empleada a ayudar. Ella era una muchacha de unos 22 años, morena, de pelo negro, con unos ojos negros y brillantes, de cuerpo sensual que irradiaba sexo y que nos despertaba a la vez el intenso deseo de poseerla y la mas negra de las envidias pues sabíamos que el chico Núñez era el único que recorría esa geografía de curvas, valles y montes….… El chico Núñez para satisfacer su deseo, debía cumplir todo un ritual para recorrer el pargo pasillo llegar a la pieza de la empleada: esperaba la primera campanada de medía noche y daba el primer paso, a los 5 segundos de espera con una pierna estirada sin rozar el suelo, apoyaba el pie cuando venía la próxima campanada del reloj y así con paso en cámara lenta sincronizaba su andar con las campanadas para que el crujido de las tablas no lo delatara, y bueno, a las 5 A.M. se repetía el ritual en sentido inverso después de una noche de amor, pero esta vez dando pasos más largos lo cual siempre lo ponían en situación embarazosa y en equilibrio inestable pues las zancadas debían ser mas largas y los lapsos con un pie en alto lo hacían tambalear… Núñez faltó unos días a clases y cuando apareció vimos que en el vertex del cráneo le faltaba pelo y lucía un lindo hematoma. Algo reticente nos contó que una noche, volviendo a su pieza, confiado en su perfecta sincronización con el reloj, y frente a la pieza de su padres, afirmó el pie, crujió la tabla, no sonó la campana del reloj y el padre disparó a la silueta que se recordaba contra el ventanal del jardín., .y el chico dijo que venía del baño, dando toda clase de excusas por haber ido a una hora no programada en el ritual establecido por su padre. ASl unísono, le recomendamos que usara boina por un tiempo...….

Autor: carlos Me has hecho reír como no lo hacía en mucho tiempo¿porque no es
Fecha: 21/08/2004 01:18.
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