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Página de Sergio Gacitúa Montecinos

cuentos

EL CHICO NÚÑEZ(¿Enfermedad deAlzheimer?)

En mis tiempos de estudiante de Medicina, nuestras fiestas eran llamadas “ malones”, los que se hacían habitualmente en casa de algún compañero que vivía en Concepción, y, la costumbre de esos tiempos era llevar las provisiones y a las amigas y pololas, respetando la buena voluntad del dueño de casa, el que permitía que la fiesta terminara a media noche o a lo más a las 02.A.M.
Generalmente íbamos a la casa del chico Núñez, una casona que se había salvado del terremoto del 39 y que tenía una pieza- escritorio del dueño de casa, l que era de profesión contador. un pasillo un pasillo separaba a la amplia pieza que oficiaba de salón y daba paso al comedor..
El pasillo, muy largo, terminaba en la cocina y mas al fondo, la pieza de la empleada.
Al lado y a continuación del comedor, había un patio con jardín y a la derecha, el dormitorio del chico Núñez, una pieza desocupada y luego el dormitorio de sus padres ,seguía otra pieza y luego el baño.
A un lado de la puerta del dormitorio de los dueños de casa, había un precioso reloj de péndulo, el que juega un papel en esta historia y al que daba las campanadas a la hora y a la media hora y al cual el padre de Núñez el que era un hombre muy meticuloso y detallista, y daba cuerda antes de acostarse religiosa y puntualmente a las 21 horas, guardando siempre la pistola bajo su almohada según nos contaba siempre, pues una vez le habían entrado a robar…
Este distinguido señor, iba al comedor a conversar con nosotros mientras preparábamos el ponche de frutillas o chirimoya, única bebida alcohólica que permitía en su casa (y al que mas tarde agregábamos pisco) y los refrescos.
Nos llamaba la atención la tendencia a repetir historias ya contadas y nos daba la sensación que para él eran nuevas y divertidas, y a veces olvidaba lo que estaba diciendo y seguía con otra historia y se justificaba diciendo que tenía muchas preocupaciones o exceso de trabajo Nos distraíamos de su conversación y recuerdos simulando que le prestábamos atención, en cuanto entraba la empleada a ayudar. Ella era una muchacha de unos 22 años, morena, de pelo negro, con unos ojos negros y brillantes, de cuerpo sensual que irradiaba sexo y que nos despertaba a la vez el intenso deseo de poseerla y la mas negra de las envidias pues sabíamos que el chico Núñez era el único que recorría esa geografía de curvas, valles y montes….…
El chico Núñez para satisfacer su deseo, debía cumplir todo un ritual para recorrer el pargo pasillo llegar a la pieza de la empleada: esperaba la primera campanada de medía noche y daba el primer paso, a los 5 segundos de espera con una pierna estirada sin rozar el suelo, apoyaba el pie cuando venía la próxima campanada del reloj y así con paso en cámara lenta sincronizaba su andar con las campanadas para que el crujido de las tablas no lo delatara, y bueno, a las 5 A.M. se repetía el ritual en sentido inverso después de una noche de amor, pero esta vez dando pasos más largos lo cual siempre lo ponían en situación embarazosa y en equilibrio inestable pues las zancadas debían ser mas largas y los lapsos con un pie en alto lo hacían tambalear…
Núñez faltó unos días a clases y cuando apareció vimos que en el vertex del cráneo le faltaba pelo y lucía un lindo hematoma.
Algo reticente nos contó que una noche, volviendo a su pieza, confiado en su perfecta sincronización con el reloj, y frente a la pieza de su padres, afirmó el pie, crujió la tabla, no sonó la campana del reloj y el padre disparó a la silueta que se recordaba contra el ventanal del jardín., .y el chico dijo que venía del baño, dando toda clase de excusas por haber ido a una hora no programada en el ritual establecido por su padre. ASl unísono, le recomendamos que usara boina por un tiempo...….

EL DIA DE CUMPLEAÑOS

EL DIA DE CUMPLEAÑOS DÍA DE CUMPLEAÑOS.

“ Te contaré que con los primeros fríos, y cuando los días se empiezan a hacer más cortos y antes que lleguen las primeras lluvias, los gitanos de las afueras del pueblo, ya han empezado a engrasar los ejes de sus carromatos, a remendar los arneses y a herrar los caballos, para partir una vez más y desde siempre, tras el sol.
Como de costumbre, han puesto en los mesones, las cajitas de sándalo, las mandolinas adornadas con nácar y concheperla, los mantones de Manila bordados en sedas brillantes, los jarrones de bronce la India, las pipas turcas, y todas las maravillas que año a año hemos admirado y comprado.
Con mis primos sorteamos quien iría a buscar las monedas que el abuelo deja, como olvidadas, en esta fecha, en el escritorio, y vamos a buscarlas porque sabemos nos las deja para comprar recuerdos...
Sabemos que se hace el olvidadizo, el que perdió las monedas, pues en la familia nos tienen prohibido visitar a los gitanos, porque nos dicen “enseñan cosas malas”, pero también sabemos que los abuelos de nuestros padres hicieron lo mismo y coleccionaban cajitas de laca del Japón, figuras del Africa, pañolones bordados, muy escondidos en el fondo de sus baúles.
Entré al escritorio y en un rincón, algo agachado por los año, de perfil, con la mirada perdida por sobre los árboles que coronan la colina, mirando las nubes grises, estaba el abuelo, perdido en sus pensamientos. Entré en silencio y sobre el escritorio, estala el Libro, abierto en la Página de la Familia, allí leí su nombre y bajo este, dos líneas:
-Abril, seis, de mil novecientos treinta y seis.
-¿...................................................................?
y al lado, estaban las monedas.
Las tomé en silencio.
Al salir, volví el rostro hacia el abuelo que seguía inmóvil, y cosa rara, aún cuando estaba nublado, casi obscuro, y ninguna luz daba en su cara, vi que sus ojos tenían un brillo extraño, como un vidrio salpicado con agua....
Ese día, para mi, la feria de los gitanos, dejó para siempre de tener encanto....
(marzo 1996)