
DÍA DE CUMPLEAÑOS.
“ Te contaré que con los primeros fríos, y cuando los días se empiezan a hacer más cortos y antes que lleguen las primeras lluvias, los gitanos de las afueras del pueblo, ya han empezado a engrasar los ejes de sus carromatos, a remendar los arneses y a herrar los caballos, para partir una vez más y desde siempre, tras el sol.
Como de costumbre, han puesto en los mesones, las cajitas de sándalo, las mandolinas adornadas con nácar y concheperla, los mantones de Manila bordados en sedas brillantes, los jarrones de bronce la India, las pipas turcas, y todas las maravillas que año a año hemos admirado y comprado.
Con mis primos sorteamos quien iría a buscar las monedas que el abuelo deja, como olvidadas, en esta fecha, en el escritorio, y vamos a buscarlas porque sabemos nos las deja para comprar recuerdos...
Sabemos que se hace el olvidadizo, el que perdió las monedas, pues en la familia nos tienen prohibido visitar a los gitanos, porque nos dicen “enseñan cosas malas”, pero también sabemos que los abuelos de nuestros padres hicieron lo mismo y coleccionaban cajitas de laca del Japón, figuras del Africa, pañolones bordados, muy escondidos en el fondo de sus baúles.
Entré al escritorio y en un rincón, algo agachado por los año, de perfil, con la mirada perdida por sobre los árboles que coronan la colina, mirando las nubes grises, estaba el abuelo, perdido en sus pensamientos. Entré en silencio y sobre el escritorio, estala el Libro, abierto en la Página de la Familia, allí leí su nombre y bajo este, dos líneas:
-Abril, seis, de mil novecientos treinta y seis.
-¿...................................................................?
y al lado, estaban las monedas.
Las tomé en silencio.
Al salir, volví el rostro hacia el abuelo que seguía inmóvil, y cosa rara, aún cuando estaba nublado, casi obscuro, y ninguna luz daba en su cara, vi que sus ojos tenían un brillo extraño, como un vidrio salpicado con agua....
Ese día, para mi, la feria de los gitanos, dejó para siempre de tener encanto....
(marzo 1996)